jueves, 11 de abril de 2013

Aferrarse


                                       Aferrarse

      
     Entre los tantos consejos/comentarios recibidos en estos casi 6 meses que Morita partió de mí, hubo uno que me quedó dando vueltas en la cabeza. Cuando comenté que ninguna de mis antiguas y supuestas creencias me servía en estos días, alguien me dijo que en estos momentos es cuando uno debe decidir a que “aferrarse”. Lejos de intentar analizar si debo o no aferrarme, si está bien o no hacerlo, si me servirá o no, lo que siguió rondando en mi cabeza fue esa palabrita… aferrarme…aferrarse…aferrar.

     El diccionario me dice lo siguiente:

Agarrar fuertemente.
Insistir con tenacidad en algún dictamen u opinión.
Acogerse a algo como única salida o esperanza.


     De qué debería agárrame fuertemente? Para qué? Por qué aquello a lo que me aferraría sería la única salida o esperanza?
Pero fundamentalmente mi mayor cuestionamiento es: qué pasa si no me aferro a nada?? Dado que siento que ninguna de mis antiguas creencias (que creo que creía) me sirven en este momento… no puedo “aferrarme” a ninguna de ellas…entonces, si no me aferro que pasará??

     Cuando pienso en “aferrarse” se me vienen imágenes a la cabeza: personas aferrándose a algo para que no las lleve una crecida, o un huracán o para no caer dentro de un pozo. Es algo instintivo supongo, para preservar la vida.

     Y si no puedo aferrarme a nada? Si ninguna de mis creencias me cierra, me calma, me llena… a dónde me llevarán las fuertes aguas? Y los vientos que me arrancarán del suelo a dónde me transportarán? Y si caigo dentro del pozo… que habrá allí?

     Quizás sea una buena idea aferrarme a algo y no dejar que esas aguas me lleven a lo desconocido, ni ese viento me saqué bruscamente de mi lugar y menos aún dejarme caer a ese oscuro pozo donde sé que hay dolor (no es una especulación, hoy puedo afirmarlo).

     Pero siento que no es una opción. No encuentro cómo, (y menos aún razones válidas) para aferrarme a algo que no me mueva de mi antiguo lugar, no me desbarate el cuerpo y el alma, no me obligue a soltar a quien fui y me lleve al encuentro (no sin bastante pesar) de quien pueda llegar a ser. Transición. Transformación. Es algo que va más allá de mi voluntad.

     Desconozco que tan lejos volaré con esos vientos, ni cuánto más me sumergiré en esas aguas revueltas, ni que tan profundo será el pozo/dolor por el que tendré que continuar cayendo… pero estoy segura (¿estoy segura?) que de lo inclemente, de lo implacable, de lo incomprensible estoy (y seguiré) aprendiendo. Ojalá así sea.  Que así sea.

domingo, 24 de marzo de 2013

Un día como cualquier otro


   Exactamente un año atrás… ocurrió.
   Un día como cualquier otro, sucedió lo inimaginado.  No hubo un deseo, y menos aún se tomaron decisiones para que ocurriera…
   Como tantas otras cosas en la vida… simplemente sucedió.
   Fue un instante donde, sin saberlo, comenzaba a recorrer un camino impensado, camino que pocas veces (y eso que me gustan los caminos) me detuve a contemplar. 
   Jamás pensé que lo transitaría, pasito a pasito, golpeando mis pies con alguna que otra piedra, pero también viviendo intensamente cada emoción que evocaban todas y cada una de las figuras de este desconocido paisaje.

   Acostumbrada a admirar paisajes que entraban por mi retina, esta vez me sorprendió que mi vista de nada servía en varios tramos del recorrido… eran las emociones, las dudas, la aceptación, la reconciliación, mi cuerpo, mi corazón, mis sueños, mis miedos, quienes se apoderarían de cada uno de mis pasos.  
   Me harían tambalear, temblar, suspirar, llorar, emocionarme, agradecer, rechazar, tranquilizarme, gritar, suspirar, imaginar, desear, enojarme, amar, susurrar, reconocerme, alegrarme, aceptar…

   Este nuevo trayecto me llevaría a lo más profundo de mi ser y aún más allá. Y sin saberlo yo en ese momento, existía una pequeña/gran alma que me había elegido (nos había elegido) para brindarme la posibilidad y ayudarme a caminarlo. Camino corto (y a la vez infinito)… aún así  sólo puedo agradecer haber tenido la oportunidad de recorrerlo día por día, minuto a minuto, latido a latido.

…Y así, un día como cualquier otro, exactamente un año atrás, mi pequeña Mora fue concebida y desplegó delante de mis pies y de mi alma un enorme camino: la Maternidad. 


Esta canción sirve para reflejar lo que quizás mi alma clamaba y yo no podía ver:

Ven a mí
con tu dulce luz
alma de diamante
y aunque el sol
se nuble después
sos alma de diamante
cielo o piel
silencio o verdad
sos alma de diamante
por eso ven así con la humanidad
alma de diamante
Aunque tu corazón recircule
siga de paso o venga
pretenda volar con las manos
sueñe despierto o duerma... 
...o beba el elixir
de la eternidad
sos alma de diamante, alma de diamante
bien aquí o en el más allá
sos alma de diamante
y aunque este mismo sol se nuble después
sos alma de diamante
alma de diamante.

 

Luis Alberto Spinetta

Escuchar la canción: Alma de diamante