lunes, 16 de septiembre de 2013

El día que me enamoré de Mora


 
     El 15 de septiembre de 2012 tenía que hacerme otra ecografía de control y para ver si finalmente podíamos saber el sexo de nuestro bebé. Morita siempre fue una pequeña muuuy inquieta, todo el día se movía casi sin parar! En ninguna de las anteriores ecografías “se había dejado ver” citando el léxico maternal/medico apropiado para tal circunstancia.
     Pero ese día decidió que ya era hora que pudiésemos saber que era una niña! Teníamos tantas cosas pendientes de comprar esperando ese momento! Y ahí estábamos, Miguel y yo, mirando fascinados esa pantallita donde nuestra hija se intentaba agarrar la patita. Las palabras de la doctora se desdibujaban un poco debido a nuestra emoción… algo escuchamos, todo normal, todo está bien, todo está perfecto.
     Salimos mudos, cada uno en su propio mundo interior, caminamos algunos pasos, cruzamos la calle y simplemente no pudimos más, nos miramos, nos abrazamos y lloramos de felicidad. Algo pasó en nuestro interior, o por lo pronto en el mío… la aceptación total, el no poder creer que yo estuviese recorriendo el camino de la maternidad y estuviese disfrutándolo con plenitud, el sentirme, plena, llena, completa, la vida era buena y me bendecía. Jamás olvidaré ese momento, jamás!
     Me parecía incomprensible tener que volver a trabajar en ese estado… necesitaba un poco de tiempo para asimilar mi felicidad, mi plenitud. Volví con los ojitos brillantes, transformada...
     Esa noche vivencié algo que alguna vez viví en la adolescencia… cuando me enamoraba como sólo un adolescente se puede enamorar! Cuando por la noche me acostaba y en vez de dormir, rememoraba las imágenes donde estaba presente ese ser querido.
     Esa noche me volví a enamorar… de mi hija!! Una y otra vez revivía esa ecografía, esas emociones, esa felicidad. Y que otra cosa puedo hacer sino agradecer!!! Agradecerle por haberme dado esta posibilidad, por permitirme sentir tan intensamente esas emociones profundas y por permitirme reconocerme como mujer y como madre. Gracias Morita, pequeña gran maestra, GRACIAS!!

domingo, 16 de junio de 2013

El Papá de Mora (Celebrando el día del Padre)

  En el día del Padre mi reconocimiento, agradecimiento y todo mi amor para el padre de mi hija:


EL PAPÁ DE MORA
 El papá de Mora la besaba a través de la panza.
El papá de Mora le hablaba desde que ella era muy pequeñita.
El papá de Mora bromeaba que cuando ella naciera y lo desplazara de su lugar en la cama grande, se iría… ella a la cuna! (sabía que eso jamás sucedería)
El papá de Mora soñaba con tenerla en sus brazos y se imaginaba llevándola a la escuela.
El papá de Mora lloró de emoción al verla en una pantalla durante la ecografía mientras ella se quería agarrar una patita!
El papá de Mora escuchaba atentamente durante horas y horas mis hallazgos sobre parto respetado, ley 25929, maternidad consciente, oxitocina, cordón umbilical y cuanta información yo encontraba en Internet.
El papá de Mora también dudo, se preguntó, estuvo confundido, aceptó, se alegró y logro amarla.
El papá de Mora le sacaba fotos a mi panza.
El papá de Mora ya planeaba construirle algo para que ella tuviese donde vivir cuando fuera mayor.
El papá de Mora respiró conmigo e hizo ejercicios en clase de yoga prenatal.
El papá de Mora sintió, con las manos en mi panza, como Morita se quedaba quietitaaaa cuando le enviábamos luz dorada en el ejercicio de una charla de maternidad consciente.
El papá de Mora recorrió casas y casas viendo cochecitos, bañeras y cunas. Y la soñó dentro de cada una de ellas.
El papá de Mora había decidido fotografiarle cada gesto, cada sonrisa, cada día, cada año de vida de ella.
…El papá de Mora sólo le pudo sacar un par de fotos, fotos que jamás, JAMAS, hubiese imaginado que iría a sacarle a su pequeña.
El papá de Mora estuvo allí, enmudecido, sin poder comprender cuando en otro idioma nos dieron la terrible noticia: el corazón de Mora ya no latía más.
El papá de Mora pasó horas interminables una madrugada, en un desconocido hospital brasilero. A minutos de la noticia que allí tan sólo quedaban 2 de los 3 que habían viajado, él se enfrentaba a la incertidumbre sobre qué sucedería con la madre de su hija, que también corría peligro.
El papá de Mora de alguna manera esperó, en soledad, afuera de un quirófano hasta recibir la noticia que la madre estaba bien… y la sugerencia de ver a su niña... verla cómo nunca imaginó que la vería.
El papá de Mora sintió que el golpe era demasiado duro. Buscó alguien en quien apoyarse y no pudo encontrar a nadie. La soledad era absoluta. Tuvo que sacar una fortaleza desconocida de sí mismo para poder tenerse en pie y continuar.
El papá de Mora tuvo a nuestra hija en sus brazos. Tuvo su cuerpito chiquito, perfecto, en sus brazos. Cuerpo sin vida, aunque quizás su almita estaba aún rondando por ahí para poder despedirse.
El papá de Mora tuvo la terrible tarea  de comprar un pequeño cajón donde el cuerpito de nuestra chiquita descansaría, aunque habíamos soñado que sería en nuestros brazos.
El papá de Mora vivió lo que ningún padre ni en su peor pesadilla imaginaría vivir: enterrar a su hija.
El papá de Mora también se pregunta por qué, tampoco encuentra respuestas y aun así intenta continuar viviendo de la mejor manera posible.
El papá de Mora, la recuerda, la llora, la cuenta entre sus hijas, la extraña, la ama.

El papá de Mora es el mejor padre que mi hija pudo haber tenido, tiene y tendrá. Hoy y siempre será... el PAPÁ DE MORA!!

miércoles, 5 de junio de 2013

Que ves el cielo


   
    Por algún motivo desconocido, nunca le canté a Morita esta canción… pero durante meses soñé con cantársela cuando estuviera en mis brazos, y cuando creciera y ya no fuera una bebé y fuera una niña, y siguiera creciendo y fuera adolescente.
 
    Las canciones que sí pude cantarle mientras estaba en mi panza no me duelen, esas ya fueron expresadas, salieron de mí y llegaron a donde yo pretendía. Lo dicho, lo sentido, lo acariciado, lo amado...no es eso lo que duele.
 
    Es aquello que quedó sin expresar, sin decir, sin hacer, sin vivir, lo que me duele.
 
No hace falta mencionar entonces, que es tanto lo que quedó (y quedará) sin poderse vivir, tantos momentos soñados que nunca se harán realidad… definitivamente eso es lo que duele… y es mucho! Son miles de instantes, de días, de años los que no “son”, ni jamás “serán”…
 
    Esta canción que me quedó atravesada en la garganta, resume lo que deseaba para ella. Ahora, de alguna manera, la quisiera escribir, cantar, gritar a los cuatro vientos… fuerte, bien fuerte… o quizás por el contrario, cantarla bajito, suavemente, dulcemente, casi como en un susurro… para que ella pueda escucharla, sentirla, que perciba el amor que su mamá le quiere transmitir… Ojalá que pueda ser así… Voy a imaginar por un instante que así es.

Morita…Quería verte bailar, quería que tu pollera girara en el viento, quería que fueran tantos tus sueños!!! Soñaba con que tu sonrisa fuese limpia, y que girara… mientras yo te veía bailar…
 
QUE VES EL CIELO
Hoy tu pollera, 
gira al viento 

quiero verte bailar 
entre la gente, 
quiero verte bailar 
No importa tu nombre 
si me puedes contestar 
son tantos tus sueños 
que ves el cielo 
mientras te veo bailar 
hoy tu sonrisa es limpia y gira 
quiero verte bailar 
entre la gente 
quiero verte bailar 
no importa tu nombre 
si me puedes contestar 
son tantos tus sueños 
que ves el cielo 
mientras te veo bailar.

(Luis Alberto Spinetta)

Hermosa versión en el disco Piojos y Piojitos 2: http://www.youtube.com/watch?v=0CizV5tBrls&noredirect=1





miércoles, 29 de mayo de 2013

A veces, sólo a veces...


    Comparto un escrito encontrado en internet, que representa bastante fielmente esos momentos (o días, o meses) en los cuales siento una imperiosa necesidad de alejarme, de retraerme, de irme hacia adentro, de enmudecer...


 "A veces, sólo a veces...
 Retirarse no es rendirse,
 ni estar en contra es agredir.
 Cambiar no es hipocresía
 y derrumbar no es destruir.
 Estar a solas no es apartarse,
 y el silencio no tener qué decir.
 Quedarse quieto no es por pereza,
 ni cobardía es sobrevivir.
 Sumergirse no es ahogarse,
 ni retrocedes para huir.
A veces, sólo a veces...
 Hace falta lograr soltarse,
 izar las velas, abandonarse,
 dejar que fluya, que el viento cambie,
 cerrar los ojos y enmudecer."

KARESANSUI




lunes, 27 de mayo de 2013

Sólo quien...



"Sólo quien ha visto 
las oscuras nubes 
puede mesurar 
el azul del cielo. 
Sólo quien ha estado 
a solas en la orilla 

aprende a preguntar 
donde están los puentes. 
Sólo quien la soledad 
ha respirado 
puede deleitarse con la sonora turbulencia 
del firmamento. 
Sólo quien ha atravesado 
los silenciosos valles del sufrimiento 
puede deleitarse 
del desierto."


Hermann Traub



viernes, 17 de mayo de 2013

Voces consejeras





Dios lo quiso así.
Mejor ahora que más adelante.
Tenés que ser fuerte.
Leer la Biblia te hará bien.
Tenés que pensar que fue lo mejor.
El próximo (embarazo?) será.
Hay cosas mil veces peores.
No preguntes porqué si no para qué.
Hay que ir al centro del dolor.
Está en un lugar mejor.
Ahora tenés un ángel que te cuida.
Tenés que estar bien.
Tenés que llorar.
Yo en tu lugar haría… (!!)
El trabajo, estudio, actividad, etc, te hará bien.
Tenés que hacer terapia.
Tenés que recordar.
Mejor no pienses.
Tenés que distraerte.
Sos joven (??)
Yo te entiendo. Cuando se murió mi mamá… mi gato…cuando me separé…
Tenés que hablarle, sentirla, soñarla.
La vida te va a compensar.
Dios sabe lo que hace.
Todas las embarazadas deberían estar preparadas para esto.
Era algo que ya habían convenido las almas.
Por algo será.
Vos sos fuerte.
Te veo bien.



    Independientemente del dolor y la confusión que pueden producir muchos de estos dichos, me sorprendió sobre todo la seguridad con que fueron expresados. Todas fueron afirmaciones, no hubo un “yo creo”, “yo deseo”, o un (para mí ahora muy respetado) “no lo sé”. Parecía como si tuviesen la certeza que era así, de esa manera, a pesar de no haber vivido la muerte de un hijo, todas las personas sabían exactamente que había que hacer y que respuesta dar.

    Parecía que no había duda, todos (menos yo) encontraron rápidamente (demasiado rápidamente) una respuesta, un camino a seguir, una solución (como si la muerte de un hijo fuese un problema a resolver!). 
    
    Y creo que sí, un problema había… el problema de que no queremos enfrentarnos a algo tan doloroso, que creemos que lo mejor y más fácil es alejarnos del dolor, de la duda, de lo inexplicable. Porque eso nos coloca en un lugar de confusión, de reflexión, de humildad, de desconocimiento. De un plumazo destartala una estantería de creencias firmemente arraigadas. Y si nos topamos con algo que amenaza con cuestionarlas, el instinto primario nos obliga a alejarnos con la mayor rapidez posible.

    Cada uno es dueño de creer en lo que quiera, y pensar que eso que cree y dice es verdadero… he escuchado todo y he intentado muchas cosas también.

    Pero estoy de a poco aprendiendo a escucharme a mí, lo que dice mi cabeza, lo que necesita mi cuerpo y lo que grita mi alma.

     Con esos impulsos son con los que me estoy moviendo… hacia donde? No lo sé. 

   Pero voy por mi camino, el que puedo, el que me sale, el que siento. 

   Ese camino que es muy mío, muy solitario e inevitablemente intransferible. 

   Con ayuda de otros? Claro que si! Con personas y personitas que me apoyan, me escuchan, me recuerdan. Quienes están ahí, cerquita respetando mis decisiones, confiando en mis pasos, sabiendo que es mi dolor y no el suyo y aún así, animándose a acercarse a un terreno complicado, que nadie elegiría voluntariamente transitar.
    
   A todos ellos estoy infinitamente agradecida.
    

Las caras de una misma moneda



    Nunca pensé que separar la vida de la muerte fuera tan difícil.
Es el “otro” el que se muere, yo aún no.
Es el “otro” quien vive días/meses/años y después le llega la muerte.
    Era así, con esos pensamientos, que transitaba mi camino hasta ese inesperado momento en que la Vida se transformó en muerte y lo más precioso que me habitaba partió… pronto…demasiado pronto.

    Porque lo que me habitaba, aún no era “otro”… hasta ese momento... era yo!
O era un “otro”(otra en este caso) dentro mío, en mí. Y no sólo en mi cuerpo, también en mis sueños, en mi corazón, en mis deseos.
Y todo eso partió. Partió mi pequeña, cuerpo de mi cuerpo, y con ella pedazos rotos de mis sueños, de mis deseos y de mi corazón. Sólo quien vive la muerte de su bebé sabe que es literal “una parte de la madre muere con ese bebé”. No es ninguna metáfora romántica, es la crudeza de lo literal.

    Hay veces en la Vida que el orden de los factores “sí" afecta el resultado. Y cuánto!!
Crecimos creyendo que hay una fórmula lógica: primero se nace, luego se vive y finalmente se muere. Pero como en todo hay excepciones y de repente esa excepción, esa pesadilla que nunca uno se atrevió ni siquiera a pensar, se hace realidad.
     
    Uno se encuentra con que ese ser que se ha transformado en lo más importante de tu vida le toca transitar por un camino diferente… primero vive, después  muere y recién entonces nace. Y no hay manera de comprenderlo, de asirlo, de poder asimilarlo para seguir caminando en este mundo que indiferentemente sigue girando.

    Nunca pensé que el evento más revelador y bello a la vez sería el más doloroso y desgarrador. Porque no puedo separarlo. Nuestros casi 7 meses juntas llenos de mil emociones diarias y ese terrible instante donde no supe que sentir, bloqueada, shockeada, sumida en el vacío más grande y en la más honda soledad.  Tengo que intentar tomarlo como viene, como es, como fue. Hermoso y doloroso. Esos casi siete meses que Morita me acompañó y ese eterno e inesperado día en que por algún desconocido motivo su corazoncito tuvo que dejar de latir, están juntos. Vida y muerte, juntas.

    Son dos caras de una misma moneda… una moneda que giiiiraaaa incansablemente. Y a veces me muestra una cara y después la otra. Y me lleno de alegría y después de tristeza. Y me siento plena y después vacía. Y mi corazón se llena de amor, un amor que jamás había experimentado y después miles de sentimientos que sólo quienes han pasado por un duelo así pueden comprender. Hay momentos que esa moneda gira tan rápidamente que ni distingo que es lo que siento, es un torbellino de emociones que me dejan sin fuerza, alterada y deseando profundamente despertar de este mal sueño.
 
    Quisiera separarlas, bien separadas, tanto como para que una de esas caras desapareciera. Entonces habría menos dolor en mi alma y más alegría en mi camino porque mi pequeña estaría en mis brazos…
 
    Pero la moneda sigue y sigue girando, mostrando sus dos caras, una tras otra, y mis brazos siguen vacíos. Y mis ojos y mi alma dolidos de tanto querer y no poder llorar.

miércoles, 24 de abril de 2013

La cigüeña de París




    En el mes de abril de 2012 realizamos el primer viaje largo, juntos, Miguel y yo. El primero a Europa para ambos.
    Viaje extraño, con poca energía, algo inusual en mí en un viaje, mucho sueño y a la semana de viaje un gran ataque al hígado (según yo!)… vómitos y vómitos. Cada vez más irritabilidad y malhumor.
    Y yo sin sospecharlo (o sin querer sospecharlo) que habíamos viajado 3 y no 2 como pensábamos. Después de recorrer España, nos dirigimos a Francia. París nos recibió con frío y llovizna, y yo lo recorrí con vómitos y descompostura.
    Pasado un par de días decidimos ir al médico. Algunas preguntas en un español confuso, entre ella si tenía un retraso. Y sí, el retraso existía pero le echábamos la culpa al viaje, a los vuelos, etc.

Bue el consejo fue simple, tomar unas pastillitas para los vómitos y si no daban resultado hacerme un test de embarazo.

    Y eso fue lo que sucedió un par de días más y todo seguía igual. Decidimos obviar el test de embarazo e ir a lo seguro: partimos a un laboratorio clínico, por la mañana sacaron sangre y por la tarde (a las 5 de la tarde) a buscar los resultados.

    No puedo explicar los sentimientos hasta esa hora! Nervios, miedo, no querer saber ese resultado! A ver, nunca en mi vida vi el camino de la maternidad como un camino viable para mí. Lo respetaba, no me producía rechazo pero tampoco me atraía ni siquiera un poquito. Siempre pensaba: quizás más adelante sienta ganas de tener un hijo. Y así pasaban los años y mi pensamiento seguía igual.




    Pero volviendo a París… ahí estábamos los dos a las 5 en punto, mudos, sin saber que decir, que pensar, ni que sentir. Entonces me acerqué a la recepcionista y extendí el papelito con mi nombre para retirar los resultados… y me los entregó murmurando francesas palabras que no entendí.

Entonces calladamente me senté al lado de Miguel, abrí ese sobre y miré ese papel lleno de palabras y números que no podía comprender. Por un momento pensé que sería mejor esperar hasta la noche y llamar a mi hermana (que sabe francés) y cuyo esposo es médico para que me tradujesen esos resultados.
    Ahí comprendí que era una estupidez pensar que el retrasar una noticia así disminuiría la ansiedad y el temor. Esa fue la primera vez (de muchas otras que vendrían) donde tomé coraje y me enfrenté a la realidad, así, sin más vueltas, me paré, me dirigí como una autómata al mostrador y señalando el papel que tenía en mi mano, pregunté (en un dudoso inglés (español y francés descartado!)): I don´t understand! Esa mujer ahí parada me miró, sonrió, levantó sus cejas (nunca me podré olvidar) y con un gesto de “esto es obvio” (y obviamente digno de alegría) respondió: Yes! You have a baby!
Ohhhh dios mío! Hoy, desde hace exactamente un año que me pregunto qué cara habré puesto!!  Supongo que palidecí, y la incredulidad se apoderó de mí. Simplemente tomé el papel de sus manos y sin pronunciar una sola palabra, di media vuelta y caminé sin sentir nada, absolutamente nada hasta volver a sentarme al lado de Miguel.

Ahí, como pude, le dije que esos resultados informaban sin ningún preámbulo que seríamos padres. Permanecimos un rato mudos, quietos sin poder creerlo.


    Finalmente salimos, por mi parte necesitaba salir, caminar, comprender. Contra cualquier pronóstico yo estaba tranquila, estupefacta, pero tranquila. Según la descripción del único testigo de ese momento, yo “parecía hasta contenta”.



París festejó (más que nosotros) ese momento. Por primera vez en varios días el sol salió. Para iluminar a la ciudad de la cigüeña y a nuestras confundidas personas. Nos abrazamos, seguimos callados caminando sin rumbo por la Ciudad Luz.


    Esa noche en la soledad de mi misma, en la soledad que ya no era soledad, mi razón y mi alma comenzaron a transformarse y a abrirse a lo nuevo, a lo desconocido, al viaje más revelador que hubiese hecho en vida.
    En esa intimidad por alguna razón que en ese momento no comprendí, mi corazón prometió a ese ser que me elegía que la/o querría y cuidaría por el tiempo que estuviese conmigo. Por mucho tiempo sentí culpa por esa frase, no la había elegido voluntariamente, simplemente había surgido. Mi mente cuestionaba esas palabritas extrañas “por el tiempo que estuviese conmigo”… una madre no debería pronunciar un “para siempre”??


    Quien sabe… la vida es más misteriosa de lo que imaginamos. Esas palabras salieron por algún motivo, o quizás no, simplemente salieron, nunca lo sabremos.


    Pero a un año de aquel momento, sé que esta noche me acostaré pensando que todo es verdad y mentira, o quizás no sea ni lo uno ni lo otro, quizás las cosas simplemente "son" y nada más.

    Este transitar de 7 meses con mi niña dentro mío y casi el mismo tiempo con mi pequeña en algún lugar al cual no puedo acceder, me ha hecho pensar que todo tiene un propósito. O no. Que todo es por algo. O no. Que Dios sabe lo que hace. O no. Que todo fue lo que yo necesitaba para aprender. O no.  No lo sabemos.  

   Lo único que se, es que mi pequeña me abrió un camino, diferente, desconocido, increíblemente transformador para mí. Que aprendí a amar a un ser que mis ojos aún no podían ver, que cada movimiento (y fueron muchos) de ella dentro mío, me recordaban que ya no era yo sola, ni en mis decisiones, ni en mis sueños, ni en mis pensamientos. Eramos 2, y eramos una a la vez, unidas, fundidas, presentes.

   Te agradezco Morita tu presencia, tu inquieta presencia en mi vida y en la vida de quienes pudieron y quisieron hacerte parte de la de ellos.

   Gracias Morita, GRACIAS!!






martes, 23 de abril de 2013

Pequeña y dulce Morita


Hermoso poema regalado por Paulita, compañera, amiga y hermosa persona. Me emocionó, nos emocionó a todos quienes lo leímos y nos dejamos conmover.
Gracias Paulita!! por recordarla, por nombrarla, por quererla!! Creo que las madres deseamos esto... que sus hijos sean reconocidos y queridos. Donde quiera que ellos estén!!

miércoles, 17 de abril de 2013

Un hombro para llorar


     Este escrito es de agradecimiento y reconocimiento. En especial a una persona, pero en ella quiero incluir a todas y cada una de las que, a su manera y posibilidad, me han acompañado y me acompañan en este escarpado camino que es el duelo.

    Pensar en un hombre que está pasando uno de los mayores dolores y aun así, sin reclamar un sitio para expresar su pesar, me ofrezca sin dudarlo su hombro para que yo lo bañe con mis desconsoladas lágrimas, es un acto de amor incondicional que nunca había experimentado.

     Nada tiene que ver con esas imágenes de amores románticos con los que la publicidad y los cuentos de niños nos han educado. Imágenes que en el transcurso de la vida van cayendo una a una, dejándonos con una sensación (por lo menos a mí) que nos han mentido. Nos han mentido en hacernos creer que de eso se trata, que todo el cuento es en espera de un estereotipado final feliz: ella parte en brazos de un insulso príncipe azul, montados en un reluciente caballo blanco (o alguna otra movilidad más moderna dependiendo época y lugar)!

     Pero jamás nos contaron que la vida puede tornarse oscura, muy oscura, y que el alma puede llorar sin consuelo y ahí, en esa imagen, no hay en donde meter al príncipe y menos aún al blanquito caballo que nos llevará al final feliz. No, la imagen es distinta:

En una habitación cualquiera, una mujer destrozada y un hombre, también destrozado, permitiendo que el dolor salga en una mezcla de suspiros, angustia y lágrimas.

Una Habitación donde ella había soñado que tendría a su hija en brazos, donde ya había pensado como modificar la disposición de los muebles para cuando empezara a gatear, a caminar, a correr… donde él había soñado alzarla, imaginando como sería su futuro y sabiendo que haría todo para que nunca nada le faltara. Una habitación que podía ser vista en colores, aromas y sonidos.

Pero ahora la imagen está en blanco y negro, y la niña esperada no está, y los sueños de tenerla con ellos están hechos pedazos. El silencio traspasa a esos padres en duelo. Están solos.

Entonces la habitación comienza a volverse gigante, inmensa, inacabable. Y la mujer cada vez se siente más pequeña, más vacía, más débil, tan débil que parece que si no la sostienen en ese instante caerá y quién sabe si podrá volver a ponerse en pie. Y en ese exacto momento él está ahí, parado, frente a ella, con los ojos llenos de dolor.  Y ella se aferra a él para no caer, y él la abraza; y ella siente que su cuerpo pesa toneladas y él la sostiene; y él le ofrece generosamente su hombro y ella siente que puede dejar salir su pesar y, finalmente, puede llorar.
Llora larga, largamente, intensamente, cansadamente. Y su alma se libera un poco de su angustia y, quizás no se lo dice a él, pero ese hombro, ese hombre, en ese instante es lo más parecido a una salvación. Es lo que ella necesitaba, es lo que anhelaba (aunque lo que de verdad anhela no lo puede alcanzar), es lo que le dará un respiro, una tregua, un impulso para recuperar algo de fuerzas e intentar continuar.

Esa mujer de la imagen soy yo, y el hombre es mi compañero, su nombre es Miguel y es el padre de nuestra hija Mora, la pequeña y dulce Mora.

 
Agradezco una por una a todas aquellas personas que están dentro, fuera, lejos y cerca de este camino:

A aquellas que se dejaron conmover con un dolor que no le es propio, a quienes me quieren, a quienes me consideran, a quienes me escuchan, a quienes me piensan, a quienes se preguntan, a quienes no tienen (igual que yo) respuestas, a quienes no saben que decir y no dicen nada, a quienes dicen lo que creen que me ayudará, a quienes me tienen paciencia, a quienes son sinceros, a quienes darían cualquier cosa por quitarme este dolor, a quienes el recuerdo de mi hija no los incomoda, a quienes la nombran, a quienes la recuerdan, a quienes la quieren, a quienes esperaban conocerla, a quienes se animaron a llorar conmigo, a quienes quizás también lloraron y yo no lo supe, a quienes me abrazan (tan buen consuelo!) y a quienes me ofrecieron con gran valentía su hombro para llorar…

Gracias!

lunes, 15 de abril de 2013

¿Dónde estará la estrella azul?


            A Peteco Carabajal lo separa una distancia terrenal de su hijo. Lo que escribe en esta canción que siempre me pareció tan bella, hoy adquiere para mi otro significado. 

No he tenido ni un sólo día sin preguntarme dónde estará mi niña, días sintiendo que no podré con este dolor, queriendo que alguien o algo me de una respuesta... y deseando profundamente que mi pequeña brille para mí, donde quiera que esté.
 
 
"Sólo el amor puede leer el escrito de las estrellas más distantes."
Oscar Wilde


 
LA ESTRELLA AZUL (Huayno) 
Letra y Música: Peteco Carabajal 
 
¿Dónde estará la estrella azul? 
Esa estrellita del alma ... 
Sus ojos suelen brillar 
Perdidos en la inmensidad. 
 
A veces sueño que esta aquí 
Y se ilumina el camino 
Cuando aparece el fulgor 
Cerquita de mi corazón. 
. 
¿Dónde estará la estrella azul? 
Ya no podré con mi dolor 
En otros cielos brillará 
Esa estrellita del amor. 
 
En una lágrima quedó 
Hasta perderse en el cielo, 
Mi corazón se partió 
Atravesado de penas. 
 
A nadie puedo preguntar 
Con las palabras del alma. 
Es mi tristeza un papel 
Que el viento no deja caer. 

¿Dónde estará la estrella azul? 
Ya no podré con mi dolor 
En otros cielos brillará 
Esa estrellita del amor. 


Escuchar la canción Estrella azul aquí: http://www.youtube.com/watch?v=pwnN1p0Dpxw

Niños de agua, Madres mariposas


Niños del agua, Madres mariposas.

      En mi desesperado afán por comprender lo incomprensible, he leído cuanto artículo he podido encontrar en Internet y cuanto blog de madres en duelo se cruzaron por mis ojos. Y he encontrado algunos conceptos interesantes, otra mirada de estos niños que llegan y se van demasiado pronto y de esas valientes y destrozadas madres que día a día buscan la mejor manera de seguir. Lo comparto:

Niños de Agua:
Elena Mayorga en su blog “Niños del Agua” los define así:


“Los niños del agua son aquellos bebés que han vivido únicamente la etapa acuática del ser humano (la vida prenatal). Son nuestros preciosos bebés-pececillos del mar uterino, que compartieron con nosotras un breve, demasiado breve, tiempo de nuestra vida.
Se marcharon dejándonos solas, tristes y dolidas, pero, al tiempo, legándonos extraordinarias enseñanzas vitales. Aunque pudimos compartir con nuestros bebés uterinos sólo algunos días, semanas o meses, ellos transformaron nuestras vidas y tras su marcha, nos convertimos en mujeres diferentes.”

En el mismo blog habla sobre las Madres/Padres mariposas (permiso Elena para compartir):




"Tras el impacto de nuestras pérdidas y, transcurridos unos meses (el periodo es variable) en los que el dolor y la pena nos sumen en una profunda apatía emocional, las madres y los padres del Agua comenzamos, lentamente, a asumir la terrible experiencia que hemos vivido. Este proceso de aceptación de la realidad, al que se suele conocer como “duelo”, supone un arduo camino plagado de enormes vaivenes emocionales. Ira, rabia, estupor, incomprensión, desazón, rebeldía, soledad, son sentimientos usuales tras la muerte de un ser querido.
Asumir todo lo que nos ha pasado y el hecho de que hemos perdido a nuestro bebé para siempre es tan devastador que nuestra psique, nuestro yo, nuestro ego se derrumban, tras su marcha, como un castillo de naipes. La persona que fuimos antes de la pérdida jamás volverá. Fuimos una, uno, ahora somos otra, otro.
Coincidiendo con el duelo, tras haber superado la fase de shock y profundo abatimiento, tenemos otra intensísima tarea por realizar, la de buscarnos, reencontrarnos y reconstruirnos. Fuimos un@ que jamás volveremos a ser.
Al igual que la metamorfosis que realiza la humilde oruga para convertirse en una espectacular mariposa, nosotr@s podemos decidir el camino a seguir en nuestra nueva vida. Siempre llevaremos en nuestro corazón el dolor por el bebé que perdimos, eso estará imperecederamente integrado en nuestra personalidad, pero tenemos que seguir adelante y, tal vez, esta tremenda y terrible experiencia nos pueda servir para reconducir nuestras vidas y lograr ser la persona que siempre quisimos ser.
Cuando nuestro bebé se marcha nos encerramos en un capullo de frustración, dolor, desgarro y pena. Existimos casi sin vivir, respiramos y comemos, por no sucumbir. Para, poco a poco, poder abandonar la oscuridad del capullo y volver a nacer a la luz de la Vida, cada un@ de nosotr@s debemos seguir nuestro propio camino de autoconocimiento y de crecimiento personal. Todo proceso de metamorfosis es largo y complejo, pero, al final del túnel, incluso del más profundo y oscuro, siempre hay una luz. Tal vez la tuya ahora no la veas, no la sientas o te parezca muy pequeña, pero, no te angusties por eso en este momento, date tiempo y tú también la hallarás."