lunes, 16 de septiembre de 2013

El día que me enamoré de Mora


 
     El 15 de septiembre de 2012 tenía que hacerme otra ecografía de control y para ver si finalmente podíamos saber el sexo de nuestro bebé. Morita siempre fue una pequeña muuuy inquieta, todo el día se movía casi sin parar! En ninguna de las anteriores ecografías “se había dejado ver” citando el léxico maternal/medico apropiado para tal circunstancia.
     Pero ese día decidió que ya era hora que pudiésemos saber que era una niña! Teníamos tantas cosas pendientes de comprar esperando ese momento! Y ahí estábamos, Miguel y yo, mirando fascinados esa pantallita donde nuestra hija se intentaba agarrar la patita. Las palabras de la doctora se desdibujaban un poco debido a nuestra emoción… algo escuchamos, todo normal, todo está bien, todo está perfecto.
     Salimos mudos, cada uno en su propio mundo interior, caminamos algunos pasos, cruzamos la calle y simplemente no pudimos más, nos miramos, nos abrazamos y lloramos de felicidad. Algo pasó en nuestro interior, o por lo pronto en el mío… la aceptación total, el no poder creer que yo estuviese recorriendo el camino de la maternidad y estuviese disfrutándolo con plenitud, el sentirme, plena, llena, completa, la vida era buena y me bendecía. Jamás olvidaré ese momento, jamás!
     Me parecía incomprensible tener que volver a trabajar en ese estado… necesitaba un poco de tiempo para asimilar mi felicidad, mi plenitud. Volví con los ojitos brillantes, transformada...
     Esa noche vivencié algo que alguna vez viví en la adolescencia… cuando me enamoraba como sólo un adolescente se puede enamorar! Cuando por la noche me acostaba y en vez de dormir, rememoraba las imágenes donde estaba presente ese ser querido.
     Esa noche me volví a enamorar… de mi hija!! Una y otra vez revivía esa ecografía, esas emociones, esa felicidad. Y que otra cosa puedo hacer sino agradecer!!! Agradecerle por haberme dado esta posibilidad, por permitirme sentir tan intensamente esas emociones profundas y por permitirme reconocerme como mujer y como madre. Gracias Morita, pequeña gran maestra, GRACIAS!!

domingo, 16 de junio de 2013

El Papá de Mora (Celebrando el día del Padre)

  En el día del Padre mi reconocimiento, agradecimiento y todo mi amor para el padre de mi hija:


EL PAPÁ DE MORA
 El papá de Mora la besaba a través de la panza.
El papá de Mora le hablaba desde que ella era muy pequeñita.
El papá de Mora bromeaba que cuando ella naciera y lo desplazara de su lugar en la cama grande, se iría… ella a la cuna! (sabía que eso jamás sucedería)
El papá de Mora soñaba con tenerla en sus brazos y se imaginaba llevándola a la escuela.
El papá de Mora lloró de emoción al verla en una pantalla durante la ecografía mientras ella se quería agarrar una patita!
El papá de Mora escuchaba atentamente durante horas y horas mis hallazgos sobre parto respetado, ley 25929, maternidad consciente, oxitocina, cordón umbilical y cuanta información yo encontraba en Internet.
El papá de Mora también dudo, se preguntó, estuvo confundido, aceptó, se alegró y logro amarla.
El papá de Mora le sacaba fotos a mi panza.
El papá de Mora ya planeaba construirle algo para que ella tuviese donde vivir cuando fuera mayor.
El papá de Mora respiró conmigo e hizo ejercicios en clase de yoga prenatal.
El papá de Mora sintió, con las manos en mi panza, como Morita se quedaba quietitaaaa cuando le enviábamos luz dorada en el ejercicio de una charla de maternidad consciente.
El papá de Mora recorrió casas y casas viendo cochecitos, bañeras y cunas. Y la soñó dentro de cada una de ellas.
El papá de Mora había decidido fotografiarle cada gesto, cada sonrisa, cada día, cada año de vida de ella.
…El papá de Mora sólo le pudo sacar un par de fotos, fotos que jamás, JAMAS, hubiese imaginado que iría a sacarle a su pequeña.
El papá de Mora estuvo allí, enmudecido, sin poder comprender cuando en otro idioma nos dieron la terrible noticia: el corazón de Mora ya no latía más.
El papá de Mora pasó horas interminables una madrugada, en un desconocido hospital brasilero. A minutos de la noticia que allí tan sólo quedaban 2 de los 3 que habían viajado, él se enfrentaba a la incertidumbre sobre qué sucedería con la madre de su hija, que también corría peligro.
El papá de Mora de alguna manera esperó, en soledad, afuera de un quirófano hasta recibir la noticia que la madre estaba bien… y la sugerencia de ver a su niña... verla cómo nunca imaginó que la vería.
El papá de Mora sintió que el golpe era demasiado duro. Buscó alguien en quien apoyarse y no pudo encontrar a nadie. La soledad era absoluta. Tuvo que sacar una fortaleza desconocida de sí mismo para poder tenerse en pie y continuar.
El papá de Mora tuvo a nuestra hija en sus brazos. Tuvo su cuerpito chiquito, perfecto, en sus brazos. Cuerpo sin vida, aunque quizás su almita estaba aún rondando por ahí para poder despedirse.
El papá de Mora tuvo la terrible tarea  de comprar un pequeño cajón donde el cuerpito de nuestra chiquita descansaría, aunque habíamos soñado que sería en nuestros brazos.
El papá de Mora vivió lo que ningún padre ni en su peor pesadilla imaginaría vivir: enterrar a su hija.
El papá de Mora también se pregunta por qué, tampoco encuentra respuestas y aun así intenta continuar viviendo de la mejor manera posible.
El papá de Mora, la recuerda, la llora, la cuenta entre sus hijas, la extraña, la ama.

El papá de Mora es el mejor padre que mi hija pudo haber tenido, tiene y tendrá. Hoy y siempre será... el PAPÁ DE MORA!!

miércoles, 5 de junio de 2013

Que ves el cielo


   
    Por algún motivo desconocido, nunca le canté a Morita esta canción… pero durante meses soñé con cantársela cuando estuviera en mis brazos, y cuando creciera y ya no fuera una bebé y fuera una niña, y siguiera creciendo y fuera adolescente.
 
    Las canciones que sí pude cantarle mientras estaba en mi panza no me duelen, esas ya fueron expresadas, salieron de mí y llegaron a donde yo pretendía. Lo dicho, lo sentido, lo acariciado, lo amado...no es eso lo que duele.
 
    Es aquello que quedó sin expresar, sin decir, sin hacer, sin vivir, lo que me duele.
 
No hace falta mencionar entonces, que es tanto lo que quedó (y quedará) sin poderse vivir, tantos momentos soñados que nunca se harán realidad… definitivamente eso es lo que duele… y es mucho! Son miles de instantes, de días, de años los que no “son”, ni jamás “serán”…
 
    Esta canción que me quedó atravesada en la garganta, resume lo que deseaba para ella. Ahora, de alguna manera, la quisiera escribir, cantar, gritar a los cuatro vientos… fuerte, bien fuerte… o quizás por el contrario, cantarla bajito, suavemente, dulcemente, casi como en un susurro… para que ella pueda escucharla, sentirla, que perciba el amor que su mamá le quiere transmitir… Ojalá que pueda ser así… Voy a imaginar por un instante que así es.

Morita…Quería verte bailar, quería que tu pollera girara en el viento, quería que fueran tantos tus sueños!!! Soñaba con que tu sonrisa fuese limpia, y que girara… mientras yo te veía bailar…
 
QUE VES EL CIELO
Hoy tu pollera, 
gira al viento 

quiero verte bailar 
entre la gente, 
quiero verte bailar 
No importa tu nombre 
si me puedes contestar 
son tantos tus sueños 
que ves el cielo 
mientras te veo bailar 
hoy tu sonrisa es limpia y gira 
quiero verte bailar 
entre la gente 
quiero verte bailar 
no importa tu nombre 
si me puedes contestar 
son tantos tus sueños 
que ves el cielo 
mientras te veo bailar.

(Luis Alberto Spinetta)

Hermosa versión en el disco Piojos y Piojitos 2: http://www.youtube.com/watch?v=0CizV5tBrls&noredirect=1





miércoles, 29 de mayo de 2013

A veces, sólo a veces...


    Comparto un escrito encontrado en internet, que representa bastante fielmente esos momentos (o días, o meses) en los cuales siento una imperiosa necesidad de alejarme, de retraerme, de irme hacia adentro, de enmudecer...


 "A veces, sólo a veces...
 Retirarse no es rendirse,
 ni estar en contra es agredir.
 Cambiar no es hipocresía
 y derrumbar no es destruir.
 Estar a solas no es apartarse,
 y el silencio no tener qué decir.
 Quedarse quieto no es por pereza,
 ni cobardía es sobrevivir.
 Sumergirse no es ahogarse,
 ni retrocedes para huir.
A veces, sólo a veces...
 Hace falta lograr soltarse,
 izar las velas, abandonarse,
 dejar que fluya, que el viento cambie,
 cerrar los ojos y enmudecer."

KARESANSUI




lunes, 27 de mayo de 2013

Sólo quien...



"Sólo quien ha visto 
las oscuras nubes 
puede mesurar 
el azul del cielo. 
Sólo quien ha estado 
a solas en la orilla 

aprende a preguntar 
donde están los puentes. 
Sólo quien la soledad 
ha respirado 
puede deleitarse con la sonora turbulencia 
del firmamento. 
Sólo quien ha atravesado 
los silenciosos valles del sufrimiento 
puede deleitarse 
del desierto."


Hermann Traub



viernes, 17 de mayo de 2013

Voces consejeras





Dios lo quiso así.
Mejor ahora que más adelante.
Tenés que ser fuerte.
Leer la Biblia te hará bien.
Tenés que pensar que fue lo mejor.
El próximo (embarazo?) será.
Hay cosas mil veces peores.
No preguntes porqué si no para qué.
Hay que ir al centro del dolor.
Está en un lugar mejor.
Ahora tenés un ángel que te cuida.
Tenés que estar bien.
Tenés que llorar.
Yo en tu lugar haría… (!!)
El trabajo, estudio, actividad, etc, te hará bien.
Tenés que hacer terapia.
Tenés que recordar.
Mejor no pienses.
Tenés que distraerte.
Sos joven (??)
Yo te entiendo. Cuando se murió mi mamá… mi gato…cuando me separé…
Tenés que hablarle, sentirla, soñarla.
La vida te va a compensar.
Dios sabe lo que hace.
Todas las embarazadas deberían estar preparadas para esto.
Era algo que ya habían convenido las almas.
Por algo será.
Vos sos fuerte.
Te veo bien.



    Independientemente del dolor y la confusión que pueden producir muchos de estos dichos, me sorprendió sobre todo la seguridad con que fueron expresados. Todas fueron afirmaciones, no hubo un “yo creo”, “yo deseo”, o un (para mí ahora muy respetado) “no lo sé”. Parecía como si tuviesen la certeza que era así, de esa manera, a pesar de no haber vivido la muerte de un hijo, todas las personas sabían exactamente que había que hacer y que respuesta dar.

    Parecía que no había duda, todos (menos yo) encontraron rápidamente (demasiado rápidamente) una respuesta, un camino a seguir, una solución (como si la muerte de un hijo fuese un problema a resolver!). 
    
    Y creo que sí, un problema había… el problema de que no queremos enfrentarnos a algo tan doloroso, que creemos que lo mejor y más fácil es alejarnos del dolor, de la duda, de lo inexplicable. Porque eso nos coloca en un lugar de confusión, de reflexión, de humildad, de desconocimiento. De un plumazo destartala una estantería de creencias firmemente arraigadas. Y si nos topamos con algo que amenaza con cuestionarlas, el instinto primario nos obliga a alejarnos con la mayor rapidez posible.

    Cada uno es dueño de creer en lo que quiera, y pensar que eso que cree y dice es verdadero… he escuchado todo y he intentado muchas cosas también.

    Pero estoy de a poco aprendiendo a escucharme a mí, lo que dice mi cabeza, lo que necesita mi cuerpo y lo que grita mi alma.

     Con esos impulsos son con los que me estoy moviendo… hacia donde? No lo sé. 

   Pero voy por mi camino, el que puedo, el que me sale, el que siento. 

   Ese camino que es muy mío, muy solitario e inevitablemente intransferible. 

   Con ayuda de otros? Claro que si! Con personas y personitas que me apoyan, me escuchan, me recuerdan. Quienes están ahí, cerquita respetando mis decisiones, confiando en mis pasos, sabiendo que es mi dolor y no el suyo y aún así, animándose a acercarse a un terreno complicado, que nadie elegiría voluntariamente transitar.
    
   A todos ellos estoy infinitamente agradecida.
    

Las caras de una misma moneda



    Nunca pensé que separar la vida de la muerte fuera tan difícil.
Es el “otro” el que se muere, yo aún no.
Es el “otro” quien vive días/meses/años y después le llega la muerte.
    Era así, con esos pensamientos, que transitaba mi camino hasta ese inesperado momento en que la Vida se transformó en muerte y lo más precioso que me habitaba partió… pronto…demasiado pronto.

    Porque lo que me habitaba, aún no era “otro”… hasta ese momento... era yo!
O era un “otro”(otra en este caso) dentro mío, en mí. Y no sólo en mi cuerpo, también en mis sueños, en mi corazón, en mis deseos.
Y todo eso partió. Partió mi pequeña, cuerpo de mi cuerpo, y con ella pedazos rotos de mis sueños, de mis deseos y de mi corazón. Sólo quien vive la muerte de su bebé sabe que es literal “una parte de la madre muere con ese bebé”. No es ninguna metáfora romántica, es la crudeza de lo literal.

    Hay veces en la Vida que el orden de los factores “sí" afecta el resultado. Y cuánto!!
Crecimos creyendo que hay una fórmula lógica: primero se nace, luego se vive y finalmente se muere. Pero como en todo hay excepciones y de repente esa excepción, esa pesadilla que nunca uno se atrevió ni siquiera a pensar, se hace realidad.
     
    Uno se encuentra con que ese ser que se ha transformado en lo más importante de tu vida le toca transitar por un camino diferente… primero vive, después  muere y recién entonces nace. Y no hay manera de comprenderlo, de asirlo, de poder asimilarlo para seguir caminando en este mundo que indiferentemente sigue girando.

    Nunca pensé que el evento más revelador y bello a la vez sería el más doloroso y desgarrador. Porque no puedo separarlo. Nuestros casi 7 meses juntas llenos de mil emociones diarias y ese terrible instante donde no supe que sentir, bloqueada, shockeada, sumida en el vacío más grande y en la más honda soledad.  Tengo que intentar tomarlo como viene, como es, como fue. Hermoso y doloroso. Esos casi siete meses que Morita me acompañó y ese eterno e inesperado día en que por algún desconocido motivo su corazoncito tuvo que dejar de latir, están juntos. Vida y muerte, juntas.

    Son dos caras de una misma moneda… una moneda que giiiiraaaa incansablemente. Y a veces me muestra una cara y después la otra. Y me lleno de alegría y después de tristeza. Y me siento plena y después vacía. Y mi corazón se llena de amor, un amor que jamás había experimentado y después miles de sentimientos que sólo quienes han pasado por un duelo así pueden comprender. Hay momentos que esa moneda gira tan rápidamente que ni distingo que es lo que siento, es un torbellino de emociones que me dejan sin fuerza, alterada y deseando profundamente despertar de este mal sueño.
 
    Quisiera separarlas, bien separadas, tanto como para que una de esas caras desapareciera. Entonces habría menos dolor en mi alma y más alegría en mi camino porque mi pequeña estaría en mis brazos…
 
    Pero la moneda sigue y sigue girando, mostrando sus dos caras, una tras otra, y mis brazos siguen vacíos. Y mis ojos y mi alma dolidos de tanto querer y no poder llorar.