Nunca pensé que separar la vida de la muerte fuera tan
difícil.
Es el “otro” el que se muere, yo aún no.
Es el “otro” quien vive días/meses/años y después le llega la muerte.
Es el “otro” el que se muere, yo aún no.
Es el “otro” quien vive días/meses/años y después le llega la muerte.
Era así, con esos pensamientos, que transitaba mi camino
hasta ese inesperado momento en que la Vida se transformó en muerte y lo más
precioso que me habitaba partió… pronto…demasiado pronto.
Porque lo que me habitaba, aún no era “otro”… hasta ese momento...
era yo!
O era un “otro”(otra en este caso) dentro mío, en mí. Y no sólo en mi cuerpo, también en mis sueños, en mi corazón, en mis deseos.
Y todo eso partió. Partió mi pequeña, cuerpo de mi cuerpo, y con ella pedazos rotos de mis sueños, de mis deseos y de mi corazón. Sólo quien vive la muerte de su bebé sabe que es literal “una parte de la madre muere con ese bebé”. No es ninguna metáfora romántica, es la crudeza de lo literal.
O era un “otro”(otra en este caso) dentro mío, en mí. Y no sólo en mi cuerpo, también en mis sueños, en mi corazón, en mis deseos.
Y todo eso partió. Partió mi pequeña, cuerpo de mi cuerpo, y con ella pedazos rotos de mis sueños, de mis deseos y de mi corazón. Sólo quien vive la muerte de su bebé sabe que es literal “una parte de la madre muere con ese bebé”. No es ninguna metáfora romántica, es la crudeza de lo literal.
Hay veces en la Vida que el orden de los factores “sí" afecta el resultado. Y cuánto!!
Crecimos creyendo que hay una fórmula lógica: primero se nace, luego se vive y finalmente se muere. Pero como en todo hay excepciones y de repente esa excepción, esa pesadilla que nunca uno se atrevió ni siquiera a pensar, se hace realidad.
Crecimos creyendo que hay una fórmula lógica: primero se nace, luego se vive y finalmente se muere. Pero como en todo hay excepciones y de repente esa excepción, esa pesadilla que nunca uno se atrevió ni siquiera a pensar, se hace realidad.
Uno se encuentra con
que ese ser que se ha transformado en lo más importante de tu vida le toca transitar
por un camino diferente… primero vive, después muere y recién entonces nace. Y no hay manera
de comprenderlo, de asirlo, de poder asimilarlo para seguir caminando en este
mundo que indiferentemente sigue girando.
Nunca pensé que el evento más revelador y bello a la vez
sería el más doloroso y desgarrador. Porque no puedo separarlo. Nuestros casi 7
meses juntas llenos de mil emociones diarias y ese terrible instante donde no
supe que sentir, bloqueada, shockeada, sumida en el vacío más grande y en la
más honda soledad. Tengo que intentar
tomarlo como viene, como es, como fue. Hermoso y doloroso. Esos casi siete
meses que Morita me acompañó y ese eterno e inesperado día en que por algún
desconocido motivo su corazoncito tuvo que dejar de latir, están juntos. Vida y
muerte, juntas.
Son dos caras de una misma moneda… una moneda que giiiiraaaa incansablemente. Y a veces me muestra una cara y después la otra. Y me lleno de alegría y después de tristeza. Y me siento plena y después vacía. Y mi corazón se llena de amor, un amor que jamás había experimentado y después miles de sentimientos que sólo quienes han pasado por un duelo así pueden comprender. Hay momentos que esa moneda gira tan rápidamente que ni distingo que es lo que siento, es un torbellino de emociones que me dejan sin fuerza, alterada y deseando profundamente despertar de este mal sueño.
Quisiera separarlas, bien separadas, tanto como para que una
de esas caras desapareciera. Entonces habría menos dolor en mi alma y más alegría
en mi camino porque mi pequeña estaría en mis brazos…
Pero la moneda sigue y sigue girando, mostrando sus dos
caras, una tras otra, y mis brazos siguen vacíos. Y mis ojos y mi alma dolidos
de tanto querer y no poder llorar.
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