Dios lo quiso así.
Mejor ahora que más adelante.
Tenés que ser fuerte.
Leer la Biblia te hará bien.
Tenés que pensar que fue lo mejor.
El próximo (embarazo?) será.
Hay cosas mil veces peores.
No preguntes porqué si no para qué.
Hay que ir al centro del dolor.
Está en un lugar mejor.
Ahora tenés un ángel que te cuida.
Tenés que estar bien.
Tenés que llorar.
Yo en tu lugar haría… (!!)
El trabajo, estudio, actividad, etc, te hará bien.
Tenés que hacer terapia.
Tenés que recordar.
Mejor no pienses.
Tenés que distraerte.
Sos joven (??)
Yo te entiendo. Cuando se murió mi mamá… mi gato…cuando me
separé…
Tenés que hablarle, sentirla, soñarla.
La vida te va a compensar.
Dios sabe lo que hace.
Todas las embarazadas deberían estar preparadas para esto.
Era algo que ya habían convenido las almas.
Por algo será.
Vos sos fuerte.
Te veo bien.
Independientemente del dolor y la confusión que pueden producir muchos de estos
dichos, me sorprendió sobre todo la seguridad con que fueron expresados. Todas
fueron afirmaciones, no hubo un “yo creo”, “yo deseo”, o un (para mí ahora muy
respetado) “no lo sé”. Parecía como si tuviesen la certeza que era así, de esa
manera, a pesar de no haber vivido la muerte de un hijo, todas las personas
sabían exactamente que había que hacer y que respuesta dar.
Parecía
que no había duda, todos (menos yo) encontraron rápidamente (demasiado
rápidamente) una respuesta, un camino a seguir, una solución (como si la muerte
de un hijo fuese un problema a resolver!).
Y creo que
sí, un problema había… el problema de que no queremos enfrentarnos a algo tan
doloroso, que creemos que lo mejor y más fácil es alejarnos del dolor, de la
duda, de lo inexplicable. Porque eso nos coloca en un lugar de confusión, de
reflexión, de humildad, de desconocimiento. De un plumazo destartala una
estantería de creencias firmemente arraigadas. Y si nos topamos con algo que
amenaza con cuestionarlas, el instinto primario nos obliga a alejarnos con la
mayor rapidez posible.
Cada uno
es dueño de creer en lo que quiera, y pensar que eso que cree y dice es
verdadero… he escuchado todo y he intentado muchas cosas también.
Pero estoy
de a poco aprendiendo a escucharme a mí, lo que dice mi cabeza, lo que necesita
mi cuerpo y lo que grita mi alma.
Con
esos impulsos son con los que me estoy moviendo… hacia donde? No lo sé.
Pero voy por mi camino,
el que puedo, el que me sale, el que siento.
Ese camino que es muy
mío, muy solitario e inevitablemente intransferible.
Con ayuda de otros?
Claro que si! Con personas y personitas que me apoyan, me escuchan, me
recuerdan. Quienes están ahí, cerquita respetando mis decisiones, confiando en
mis pasos, sabiendo que es mi dolor y no el suyo y aún así, animándose a
acercarse a un terreno complicado, que nadie elegiría voluntariamente
transitar.
A todos
ellos estoy infinitamente agradecida.

No hay comentarios:
Publicar un comentario