lunes, 15 de abril de 2013

Niños de agua, Madres mariposas


Niños del agua, Madres mariposas.

      En mi desesperado afán por comprender lo incomprensible, he leído cuanto artículo he podido encontrar en Internet y cuanto blog de madres en duelo se cruzaron por mis ojos. Y he encontrado algunos conceptos interesantes, otra mirada de estos niños que llegan y se van demasiado pronto y de esas valientes y destrozadas madres que día a día buscan la mejor manera de seguir. Lo comparto:

Niños de Agua:
Elena Mayorga en su blog “Niños del Agua” los define así:


“Los niños del agua son aquellos bebés que han vivido únicamente la etapa acuática del ser humano (la vida prenatal). Son nuestros preciosos bebés-pececillos del mar uterino, que compartieron con nosotras un breve, demasiado breve, tiempo de nuestra vida.
Se marcharon dejándonos solas, tristes y dolidas, pero, al tiempo, legándonos extraordinarias enseñanzas vitales. Aunque pudimos compartir con nuestros bebés uterinos sólo algunos días, semanas o meses, ellos transformaron nuestras vidas y tras su marcha, nos convertimos en mujeres diferentes.”

En el mismo blog habla sobre las Madres/Padres mariposas (permiso Elena para compartir):




"Tras el impacto de nuestras pérdidas y, transcurridos unos meses (el periodo es variable) en los que el dolor y la pena nos sumen en una profunda apatía emocional, las madres y los padres del Agua comenzamos, lentamente, a asumir la terrible experiencia que hemos vivido. Este proceso de aceptación de la realidad, al que se suele conocer como “duelo”, supone un arduo camino plagado de enormes vaivenes emocionales. Ira, rabia, estupor, incomprensión, desazón, rebeldía, soledad, son sentimientos usuales tras la muerte de un ser querido.
Asumir todo lo que nos ha pasado y el hecho de que hemos perdido a nuestro bebé para siempre es tan devastador que nuestra psique, nuestro yo, nuestro ego se derrumban, tras su marcha, como un castillo de naipes. La persona que fuimos antes de la pérdida jamás volverá. Fuimos una, uno, ahora somos otra, otro.
Coincidiendo con el duelo, tras haber superado la fase de shock y profundo abatimiento, tenemos otra intensísima tarea por realizar, la de buscarnos, reencontrarnos y reconstruirnos. Fuimos un@ que jamás volveremos a ser.
Al igual que la metamorfosis que realiza la humilde oruga para convertirse en una espectacular mariposa, nosotr@s podemos decidir el camino a seguir en nuestra nueva vida. Siempre llevaremos en nuestro corazón el dolor por el bebé que perdimos, eso estará imperecederamente integrado en nuestra personalidad, pero tenemos que seguir adelante y, tal vez, esta tremenda y terrible experiencia nos pueda servir para reconducir nuestras vidas y lograr ser la persona que siempre quisimos ser.
Cuando nuestro bebé se marcha nos encerramos en un capullo de frustración, dolor, desgarro y pena. Existimos casi sin vivir, respiramos y comemos, por no sucumbir. Para, poco a poco, poder abandonar la oscuridad del capullo y volver a nacer a la luz de la Vida, cada un@ de nosotr@s debemos seguir nuestro propio camino de autoconocimiento y de crecimiento personal. Todo proceso de metamorfosis es largo y complejo, pero, al final del túnel, incluso del más profundo y oscuro, siempre hay una luz. Tal vez la tuya ahora no la veas, no la sientas o te parezca muy pequeña, pero, no te angusties por eso en este momento, date tiempo y tú también la hallarás."


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