Niños del agua, Madres mariposas.
En mi desesperado afán por comprender lo incomprensible, he leído cuanto
artículo he podido encontrar en Internet y cuanto blog de madres en duelo se
cruzaron por mis ojos. Y he encontrado algunos conceptos interesantes, otra
mirada de estos niños que llegan y se van demasiado pronto y de esas valientes y destrozadas
madres que día a día buscan la mejor manera de seguir. Lo comparto:
Niños de Agua:
Elena Mayorga en su blog “Niños del Agua” los define así:
“Los niños del agua son aquellos bebés que han vivido únicamente la etapa
acuática del ser humano (la vida prenatal). Son nuestros preciosos
bebés-pececillos del mar uterino, que compartieron con nosotras un breve,
demasiado breve, tiempo de nuestra vida.
Se marcharon dejándonos solas, tristes y dolidas, pero, al tiempo,
legándonos extraordinarias enseñanzas vitales. Aunque pudimos compartir con
nuestros bebés uterinos sólo algunos días, semanas o meses, ellos transformaron
nuestras vidas y tras su marcha, nos convertimos en mujeres diferentes.”
En el mismo blog habla sobre las Madres/Padres mariposas (permiso Elena
para compartir):
"Tras el impacto de nuestras pérdidas y, transcurridos unos meses (el
periodo es variable) en los que el dolor y la pena nos sumen en una profunda
apatía emocional, las madres y los padres del Agua comenzamos, lentamente, a
asumir la terrible experiencia que hemos vivido. Este proceso de aceptación de
la realidad, al que se suele conocer como “duelo”, supone un arduo camino
plagado de enormes vaivenes emocionales. Ira, rabia, estupor, incomprensión,
desazón, rebeldía, soledad, son sentimientos usuales tras la muerte de un ser
querido.
Asumir todo lo
que nos ha pasado y el hecho de que hemos perdido a nuestro bebé para siempre
es tan devastador que nuestra psique, nuestro yo, nuestro ego se derrumban,
tras su marcha, como un castillo de naipes. La persona que fuimos antes de la
pérdida jamás volverá. Fuimos una, uno, ahora somos otra, otro.
Coincidiendo
con el duelo, tras haber superado la fase de shock y profundo
abatimiento, tenemos otra intensísima tarea por realizar, la de buscarnos,
reencontrarnos y reconstruirnos. Fuimos un@ que jamás volveremos a ser.
Al igual que la
metamorfosis que realiza la humilde oruga para convertirse en una espectacular
mariposa, nosotr@s podemos decidir el camino a seguir en nuestra nueva vida.
Siempre llevaremos en nuestro corazón el dolor por el bebé que perdimos, eso
estará imperecederamente integrado en nuestra personalidad, pero tenemos que
seguir adelante y, tal vez, esta tremenda y terrible experiencia nos pueda
servir para reconducir nuestras vidas y lograr ser la persona que siempre
quisimos ser.
Cuando nuestro
bebé se marcha nos encerramos en un capullo de frustración, dolor, desgarro y
pena. Existimos casi sin vivir, respiramos y comemos, por no sucumbir. Para,
poco a poco, poder abandonar la oscuridad del capullo y volver a nacer a la luz
de la Vida, cada un@ de nosotr@s debemos seguir nuestro propio camino de autoconocimiento
y de crecimiento personal. Todo proceso de metamorfosis es largo y complejo,
pero, al final del túnel, incluso del más profundo y oscuro, siempre hay una
luz. Tal vez la tuya ahora no la veas, no la sientas o te parezca muy pequeña,
pero, no te angusties por eso en este momento, date tiempo y tú también la
hallarás."



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