domingo, 16 de junio de 2013

El Papá de Mora (Celebrando el día del Padre)

  En el día del Padre mi reconocimiento, agradecimiento y todo mi amor para el padre de mi hija:


EL PAPÁ DE MORA
 El papá de Mora la besaba a través de la panza.
El papá de Mora le hablaba desde que ella era muy pequeñita.
El papá de Mora bromeaba que cuando ella naciera y lo desplazara de su lugar en la cama grande, se iría… ella a la cuna! (sabía que eso jamás sucedería)
El papá de Mora soñaba con tenerla en sus brazos y se imaginaba llevándola a la escuela.
El papá de Mora lloró de emoción al verla en una pantalla durante la ecografía mientras ella se quería agarrar una patita!
El papá de Mora escuchaba atentamente durante horas y horas mis hallazgos sobre parto respetado, ley 25929, maternidad consciente, oxitocina, cordón umbilical y cuanta información yo encontraba en Internet.
El papá de Mora también dudo, se preguntó, estuvo confundido, aceptó, se alegró y logro amarla.
El papá de Mora le sacaba fotos a mi panza.
El papá de Mora ya planeaba construirle algo para que ella tuviese donde vivir cuando fuera mayor.
El papá de Mora respiró conmigo e hizo ejercicios en clase de yoga prenatal.
El papá de Mora sintió, con las manos en mi panza, como Morita se quedaba quietitaaaa cuando le enviábamos luz dorada en el ejercicio de una charla de maternidad consciente.
El papá de Mora recorrió casas y casas viendo cochecitos, bañeras y cunas. Y la soñó dentro de cada una de ellas.
El papá de Mora había decidido fotografiarle cada gesto, cada sonrisa, cada día, cada año de vida de ella.
…El papá de Mora sólo le pudo sacar un par de fotos, fotos que jamás, JAMAS, hubiese imaginado que iría a sacarle a su pequeña.
El papá de Mora estuvo allí, enmudecido, sin poder comprender cuando en otro idioma nos dieron la terrible noticia: el corazón de Mora ya no latía más.
El papá de Mora pasó horas interminables una madrugada, en un desconocido hospital brasilero. A minutos de la noticia que allí tan sólo quedaban 2 de los 3 que habían viajado, él se enfrentaba a la incertidumbre sobre qué sucedería con la madre de su hija, que también corría peligro.
El papá de Mora de alguna manera esperó, en soledad, afuera de un quirófano hasta recibir la noticia que la madre estaba bien… y la sugerencia de ver a su niña... verla cómo nunca imaginó que la vería.
El papá de Mora sintió que el golpe era demasiado duro. Buscó alguien en quien apoyarse y no pudo encontrar a nadie. La soledad era absoluta. Tuvo que sacar una fortaleza desconocida de sí mismo para poder tenerse en pie y continuar.
El papá de Mora tuvo a nuestra hija en sus brazos. Tuvo su cuerpito chiquito, perfecto, en sus brazos. Cuerpo sin vida, aunque quizás su almita estaba aún rondando por ahí para poder despedirse.
El papá de Mora tuvo la terrible tarea  de comprar un pequeño cajón donde el cuerpito de nuestra chiquita descansaría, aunque habíamos soñado que sería en nuestros brazos.
El papá de Mora vivió lo que ningún padre ni en su peor pesadilla imaginaría vivir: enterrar a su hija.
El papá de Mora también se pregunta por qué, tampoco encuentra respuestas y aun así intenta continuar viviendo de la mejor manera posible.
El papá de Mora, la recuerda, la llora, la cuenta entre sus hijas, la extraña, la ama.

El papá de Mora es el mejor padre que mi hija pudo haber tenido, tiene y tendrá. Hoy y siempre será... el PAPÁ DE MORA!!

miércoles, 5 de junio de 2013

Que ves el cielo


   
    Por algún motivo desconocido, nunca le canté a Morita esta canción… pero durante meses soñé con cantársela cuando estuviera en mis brazos, y cuando creciera y ya no fuera una bebé y fuera una niña, y siguiera creciendo y fuera adolescente.
 
    Las canciones que sí pude cantarle mientras estaba en mi panza no me duelen, esas ya fueron expresadas, salieron de mí y llegaron a donde yo pretendía. Lo dicho, lo sentido, lo acariciado, lo amado...no es eso lo que duele.
 
    Es aquello que quedó sin expresar, sin decir, sin hacer, sin vivir, lo que me duele.
 
No hace falta mencionar entonces, que es tanto lo que quedó (y quedará) sin poderse vivir, tantos momentos soñados que nunca se harán realidad… definitivamente eso es lo que duele… y es mucho! Son miles de instantes, de días, de años los que no “son”, ni jamás “serán”…
 
    Esta canción que me quedó atravesada en la garganta, resume lo que deseaba para ella. Ahora, de alguna manera, la quisiera escribir, cantar, gritar a los cuatro vientos… fuerte, bien fuerte… o quizás por el contrario, cantarla bajito, suavemente, dulcemente, casi como en un susurro… para que ella pueda escucharla, sentirla, que perciba el amor que su mamá le quiere transmitir… Ojalá que pueda ser así… Voy a imaginar por un instante que así es.

Morita…Quería verte bailar, quería que tu pollera girara en el viento, quería que fueran tantos tus sueños!!! Soñaba con que tu sonrisa fuese limpia, y que girara… mientras yo te veía bailar…
 
QUE VES EL CIELO
Hoy tu pollera, 
gira al viento 

quiero verte bailar 
entre la gente, 
quiero verte bailar 
No importa tu nombre 
si me puedes contestar 
son tantos tus sueños 
que ves el cielo 
mientras te veo bailar 
hoy tu sonrisa es limpia y gira 
quiero verte bailar 
entre la gente 
quiero verte bailar 
no importa tu nombre 
si me puedes contestar 
son tantos tus sueños 
que ves el cielo 
mientras te veo bailar.

(Luis Alberto Spinetta)

Hermosa versión en el disco Piojos y Piojitos 2: http://www.youtube.com/watch?v=0CizV5tBrls&noredirect=1





miércoles, 29 de mayo de 2013

A veces, sólo a veces...


    Comparto un escrito encontrado en internet, que representa bastante fielmente esos momentos (o días, o meses) en los cuales siento una imperiosa necesidad de alejarme, de retraerme, de irme hacia adentro, de enmudecer...


 "A veces, sólo a veces...
 Retirarse no es rendirse,
 ni estar en contra es agredir.
 Cambiar no es hipocresía
 y derrumbar no es destruir.
 Estar a solas no es apartarse,
 y el silencio no tener qué decir.
 Quedarse quieto no es por pereza,
 ni cobardía es sobrevivir.
 Sumergirse no es ahogarse,
 ni retrocedes para huir.
A veces, sólo a veces...
 Hace falta lograr soltarse,
 izar las velas, abandonarse,
 dejar que fluya, que el viento cambie,
 cerrar los ojos y enmudecer."

KARESANSUI




lunes, 27 de mayo de 2013

Sólo quien...



"Sólo quien ha visto 
las oscuras nubes 
puede mesurar 
el azul del cielo. 
Sólo quien ha estado 
a solas en la orilla 

aprende a preguntar 
donde están los puentes. 
Sólo quien la soledad 
ha respirado 
puede deleitarse con la sonora turbulencia 
del firmamento. 
Sólo quien ha atravesado 
los silenciosos valles del sufrimiento 
puede deleitarse 
del desierto."


Hermann Traub



viernes, 17 de mayo de 2013

Voces consejeras





Dios lo quiso así.
Mejor ahora que más adelante.
Tenés que ser fuerte.
Leer la Biblia te hará bien.
Tenés que pensar que fue lo mejor.
El próximo (embarazo?) será.
Hay cosas mil veces peores.
No preguntes porqué si no para qué.
Hay que ir al centro del dolor.
Está en un lugar mejor.
Ahora tenés un ángel que te cuida.
Tenés que estar bien.
Tenés que llorar.
Yo en tu lugar haría… (!!)
El trabajo, estudio, actividad, etc, te hará bien.
Tenés que hacer terapia.
Tenés que recordar.
Mejor no pienses.
Tenés que distraerte.
Sos joven (??)
Yo te entiendo. Cuando se murió mi mamá… mi gato…cuando me separé…
Tenés que hablarle, sentirla, soñarla.
La vida te va a compensar.
Dios sabe lo que hace.
Todas las embarazadas deberían estar preparadas para esto.
Era algo que ya habían convenido las almas.
Por algo será.
Vos sos fuerte.
Te veo bien.



    Independientemente del dolor y la confusión que pueden producir muchos de estos dichos, me sorprendió sobre todo la seguridad con que fueron expresados. Todas fueron afirmaciones, no hubo un “yo creo”, “yo deseo”, o un (para mí ahora muy respetado) “no lo sé”. Parecía como si tuviesen la certeza que era así, de esa manera, a pesar de no haber vivido la muerte de un hijo, todas las personas sabían exactamente que había que hacer y que respuesta dar.

    Parecía que no había duda, todos (menos yo) encontraron rápidamente (demasiado rápidamente) una respuesta, un camino a seguir, una solución (como si la muerte de un hijo fuese un problema a resolver!). 
    
    Y creo que sí, un problema había… el problema de que no queremos enfrentarnos a algo tan doloroso, que creemos que lo mejor y más fácil es alejarnos del dolor, de la duda, de lo inexplicable. Porque eso nos coloca en un lugar de confusión, de reflexión, de humildad, de desconocimiento. De un plumazo destartala una estantería de creencias firmemente arraigadas. Y si nos topamos con algo que amenaza con cuestionarlas, el instinto primario nos obliga a alejarnos con la mayor rapidez posible.

    Cada uno es dueño de creer en lo que quiera, y pensar que eso que cree y dice es verdadero… he escuchado todo y he intentado muchas cosas también.

    Pero estoy de a poco aprendiendo a escucharme a mí, lo que dice mi cabeza, lo que necesita mi cuerpo y lo que grita mi alma.

     Con esos impulsos son con los que me estoy moviendo… hacia donde? No lo sé. 

   Pero voy por mi camino, el que puedo, el que me sale, el que siento. 

   Ese camino que es muy mío, muy solitario e inevitablemente intransferible. 

   Con ayuda de otros? Claro que si! Con personas y personitas que me apoyan, me escuchan, me recuerdan. Quienes están ahí, cerquita respetando mis decisiones, confiando en mis pasos, sabiendo que es mi dolor y no el suyo y aún así, animándose a acercarse a un terreno complicado, que nadie elegiría voluntariamente transitar.
    
   A todos ellos estoy infinitamente agradecida.
    

Las caras de una misma moneda



    Nunca pensé que separar la vida de la muerte fuera tan difícil.
Es el “otro” el que se muere, yo aún no.
Es el “otro” quien vive días/meses/años y después le llega la muerte.
    Era así, con esos pensamientos, que transitaba mi camino hasta ese inesperado momento en que la Vida se transformó en muerte y lo más precioso que me habitaba partió… pronto…demasiado pronto.

    Porque lo que me habitaba, aún no era “otro”… hasta ese momento... era yo!
O era un “otro”(otra en este caso) dentro mío, en mí. Y no sólo en mi cuerpo, también en mis sueños, en mi corazón, en mis deseos.
Y todo eso partió. Partió mi pequeña, cuerpo de mi cuerpo, y con ella pedazos rotos de mis sueños, de mis deseos y de mi corazón. Sólo quien vive la muerte de su bebé sabe que es literal “una parte de la madre muere con ese bebé”. No es ninguna metáfora romántica, es la crudeza de lo literal.

    Hay veces en la Vida que el orden de los factores “sí" afecta el resultado. Y cuánto!!
Crecimos creyendo que hay una fórmula lógica: primero se nace, luego se vive y finalmente se muere. Pero como en todo hay excepciones y de repente esa excepción, esa pesadilla que nunca uno se atrevió ni siquiera a pensar, se hace realidad.
     
    Uno se encuentra con que ese ser que se ha transformado en lo más importante de tu vida le toca transitar por un camino diferente… primero vive, después  muere y recién entonces nace. Y no hay manera de comprenderlo, de asirlo, de poder asimilarlo para seguir caminando en este mundo que indiferentemente sigue girando.

    Nunca pensé que el evento más revelador y bello a la vez sería el más doloroso y desgarrador. Porque no puedo separarlo. Nuestros casi 7 meses juntas llenos de mil emociones diarias y ese terrible instante donde no supe que sentir, bloqueada, shockeada, sumida en el vacío más grande y en la más honda soledad.  Tengo que intentar tomarlo como viene, como es, como fue. Hermoso y doloroso. Esos casi siete meses que Morita me acompañó y ese eterno e inesperado día en que por algún desconocido motivo su corazoncito tuvo que dejar de latir, están juntos. Vida y muerte, juntas.

    Son dos caras de una misma moneda… una moneda que giiiiraaaa incansablemente. Y a veces me muestra una cara y después la otra. Y me lleno de alegría y después de tristeza. Y me siento plena y después vacía. Y mi corazón se llena de amor, un amor que jamás había experimentado y después miles de sentimientos que sólo quienes han pasado por un duelo así pueden comprender. Hay momentos que esa moneda gira tan rápidamente que ni distingo que es lo que siento, es un torbellino de emociones que me dejan sin fuerza, alterada y deseando profundamente despertar de este mal sueño.
 
    Quisiera separarlas, bien separadas, tanto como para que una de esas caras desapareciera. Entonces habría menos dolor en mi alma y más alegría en mi camino porque mi pequeña estaría en mis brazos…
 
    Pero la moneda sigue y sigue girando, mostrando sus dos caras, una tras otra, y mis brazos siguen vacíos. Y mis ojos y mi alma dolidos de tanto querer y no poder llorar.

miércoles, 24 de abril de 2013

La cigüeña de París




    En el mes de abril de 2012 realizamos el primer viaje largo, juntos, Miguel y yo. El primero a Europa para ambos.
    Viaje extraño, con poca energía, algo inusual en mí en un viaje, mucho sueño y a la semana de viaje un gran ataque al hígado (según yo!)… vómitos y vómitos. Cada vez más irritabilidad y malhumor.
    Y yo sin sospecharlo (o sin querer sospecharlo) que habíamos viajado 3 y no 2 como pensábamos. Después de recorrer España, nos dirigimos a Francia. París nos recibió con frío y llovizna, y yo lo recorrí con vómitos y descompostura.
    Pasado un par de días decidimos ir al médico. Algunas preguntas en un español confuso, entre ella si tenía un retraso. Y sí, el retraso existía pero le echábamos la culpa al viaje, a los vuelos, etc.

Bue el consejo fue simple, tomar unas pastillitas para los vómitos y si no daban resultado hacerme un test de embarazo.

    Y eso fue lo que sucedió un par de días más y todo seguía igual. Decidimos obviar el test de embarazo e ir a lo seguro: partimos a un laboratorio clínico, por la mañana sacaron sangre y por la tarde (a las 5 de la tarde) a buscar los resultados.

    No puedo explicar los sentimientos hasta esa hora! Nervios, miedo, no querer saber ese resultado! A ver, nunca en mi vida vi el camino de la maternidad como un camino viable para mí. Lo respetaba, no me producía rechazo pero tampoco me atraía ni siquiera un poquito. Siempre pensaba: quizás más adelante sienta ganas de tener un hijo. Y así pasaban los años y mi pensamiento seguía igual.




    Pero volviendo a París… ahí estábamos los dos a las 5 en punto, mudos, sin saber que decir, que pensar, ni que sentir. Entonces me acerqué a la recepcionista y extendí el papelito con mi nombre para retirar los resultados… y me los entregó murmurando francesas palabras que no entendí.

Entonces calladamente me senté al lado de Miguel, abrí ese sobre y miré ese papel lleno de palabras y números que no podía comprender. Por un momento pensé que sería mejor esperar hasta la noche y llamar a mi hermana (que sabe francés) y cuyo esposo es médico para que me tradujesen esos resultados.
    Ahí comprendí que era una estupidez pensar que el retrasar una noticia así disminuiría la ansiedad y el temor. Esa fue la primera vez (de muchas otras que vendrían) donde tomé coraje y me enfrenté a la realidad, así, sin más vueltas, me paré, me dirigí como una autómata al mostrador y señalando el papel que tenía en mi mano, pregunté (en un dudoso inglés (español y francés descartado!)): I don´t understand! Esa mujer ahí parada me miró, sonrió, levantó sus cejas (nunca me podré olvidar) y con un gesto de “esto es obvio” (y obviamente digno de alegría) respondió: Yes! You have a baby!
Ohhhh dios mío! Hoy, desde hace exactamente un año que me pregunto qué cara habré puesto!!  Supongo que palidecí, y la incredulidad se apoderó de mí. Simplemente tomé el papel de sus manos y sin pronunciar una sola palabra, di media vuelta y caminé sin sentir nada, absolutamente nada hasta volver a sentarme al lado de Miguel.

Ahí, como pude, le dije que esos resultados informaban sin ningún preámbulo que seríamos padres. Permanecimos un rato mudos, quietos sin poder creerlo.


    Finalmente salimos, por mi parte necesitaba salir, caminar, comprender. Contra cualquier pronóstico yo estaba tranquila, estupefacta, pero tranquila. Según la descripción del único testigo de ese momento, yo “parecía hasta contenta”.



París festejó (más que nosotros) ese momento. Por primera vez en varios días el sol salió. Para iluminar a la ciudad de la cigüeña y a nuestras confundidas personas. Nos abrazamos, seguimos callados caminando sin rumbo por la Ciudad Luz.


    Esa noche en la soledad de mi misma, en la soledad que ya no era soledad, mi razón y mi alma comenzaron a transformarse y a abrirse a lo nuevo, a lo desconocido, al viaje más revelador que hubiese hecho en vida.
    En esa intimidad por alguna razón que en ese momento no comprendí, mi corazón prometió a ese ser que me elegía que la/o querría y cuidaría por el tiempo que estuviese conmigo. Por mucho tiempo sentí culpa por esa frase, no la había elegido voluntariamente, simplemente había surgido. Mi mente cuestionaba esas palabritas extrañas “por el tiempo que estuviese conmigo”… una madre no debería pronunciar un “para siempre”??


    Quien sabe… la vida es más misteriosa de lo que imaginamos. Esas palabras salieron por algún motivo, o quizás no, simplemente salieron, nunca lo sabremos.


    Pero a un año de aquel momento, sé que esta noche me acostaré pensando que todo es verdad y mentira, o quizás no sea ni lo uno ni lo otro, quizás las cosas simplemente "son" y nada más.

    Este transitar de 7 meses con mi niña dentro mío y casi el mismo tiempo con mi pequeña en algún lugar al cual no puedo acceder, me ha hecho pensar que todo tiene un propósito. O no. Que todo es por algo. O no. Que Dios sabe lo que hace. O no. Que todo fue lo que yo necesitaba para aprender. O no.  No lo sabemos.  

   Lo único que se, es que mi pequeña me abrió un camino, diferente, desconocido, increíblemente transformador para mí. Que aprendí a amar a un ser que mis ojos aún no podían ver, que cada movimiento (y fueron muchos) de ella dentro mío, me recordaban que ya no era yo sola, ni en mis decisiones, ni en mis sueños, ni en mis pensamientos. Eramos 2, y eramos una a la vez, unidas, fundidas, presentes.

   Te agradezco Morita tu presencia, tu inquieta presencia en mi vida y en la vida de quienes pudieron y quisieron hacerte parte de la de ellos.

   Gracias Morita, GRACIAS!!